La influencia de la Revolución Cubana en el Ecuador de los años 60

07.11.2010


El 1 de enero de 1959 triunfó la Revolución Cubana después de la lucha insurreccional del pueblo, al mando de Fidel Castro y del movimiento 26 de julio, que no solo puso en fuga al dictador Fulgencio Batista, sino que dio por terminada la ingerencia de los Estados Unidos de Norteamérica que habían logrado tal realidad en 1898 luego de la guerra Hispano-Cubana-Norteamericana1 ―en la que se introdujeron a propósito de la explosión del navío llamado Maine, de bandera yankee, fondeado en la Bahía de La Habana―, y que obligó, posteriormente, a la firma del Tratado de París, suscrito el 10 de diciembre de 1898, mediante el cual España cedió el dominio de Cuba, Puerto Rico, las Islas Guam y Filipinas a favor de los EE.UU.

Debido las circunstancias históricas referidas, Cuba no logró a finales del siglo XlX su independencia definitiva, pues si bien quedó fuera del tutelaje del imperio español, vivió desde entonces hipotecada a los intereses norteamericanos, realidad esta que solamente fue cambiada de manera radical con el triunfo de la Revolución, en el contexto de un proceso que generó enormes expectativas en los diversos rincones del planeta y, particularmente, en América Latina.

Hasta el momento en que se produjo el triunfo de la Revolución Cubana, gran parte de la izquierda latinoamericana, de alguna manera, conspiró contra el poder en medio de las discrepancias que se habían producido al aceptar o no la tesis de la tercera internacional comunista o las del segundo congreso de los partidos comunistas latinoamericanos, bajo cuyos matices e “ismos”, en años posteriores, se practicó el ejercicio de una política reduccionista alrededor de la misma ecuación.

Al suscitarse la Revolución Cubana, esta vino a demostrar que el socialismo era posible en la región y que no existía “el fatalismo geográfico”, bajo cuya interpretación se deducía erróneamente que los Estados Unidos no tolerarían la existencia de un gobierno socialista en su área estratégica. El proceso cubano evidenció, por el contrario, que los caminos hacia la conquista del poder superaban a las tradicionales movilizaciones sindicales y electorales (a las que en ese período fueron adeptos los partidos del izquierda, por encima de sus diferenciaciones), a más de que la “vía” cubana para llegar al poder fue diametralmente opuesta a la que usaron los bolcheviques en 1917, así como contrariaba las rígidas concepciones de la “guerra popular prolongada” y el carácter excluyente de la lucha campesina antiimperialista.

Por lo referido, el fenómeno de la Revolución Cubana impactó profundamente en la izquierda latinoamericana. Se reabrieron polémicas, se provocaron escisiones y se generaron fisuras que provinieron de las interpretaciones y simpatías que la referida Revolución provocó en la militancia de izquierda, la cual, hasta entonces, había transitado interpretando las ortodoxias que el socialismo europeo produjo en sus variadas conceptualizaciones teóricas.

En el Ecuador la realidad descrita no fue diferente. Los partidos de izquierda (el PSE y el PC) habían venido funcionando dentro de la “institucionalidad” del Estado, acumulando fuerzas y actuando sobre el conjunto de la sociedad dentro de una perspectiva de mayor o menor incidencia sobre las coyunturas políticas nacionales, pero con una visión estratégica de transformación de la sociedad ecuatoriana a partir de la aplicación rígida de la teoría marxista pre-elaborada en Europa que, en el caso del PC, se volvía evidente por su pertenencia a la internacional comunista, a diferencia del socialismo que, también, en medio de ciertos esquematismos ideológicos se esforzaba, no siempre con éxito, por recrear al socialismo científico dentro de la realidad ecuatoriana.

Por ello el triunfo de la Revolución Cubana abrió profundas expectativas en la izquierda ecuatoriana la que asimiló el hecho de que era posible edificar procesos radicales de transformación social que tuviesen, al mismo tiempo, la huella de lo propio y lo original, aunque para entonces todavía en el país los problemas del vanguardismo, el militarismo y la incomprensión de la diversidad social, fueron limitantes en la acumulación de fuerzas y en la construcción de alternativas.

En ese contexto, en todo caso, las décadas de los años sesenta y setenta expresarán la búsqueda desde la izquierda ecuatoriana de procesos activos, vinculados con la realidad nacional, para cambiar el orden establecido. Incluso la división de las matrices y de los núcleos políticos de la izquierda nacional evidenciarán no solo su fraccionamiento orgánico, sino la dispersión política de la corriente en sus diversas orientaciones para “propiciar” la Revolución, la que después del 1 de enero de 1959 dejó de ser una utopía.

Así, el triunfo de la insurrección armada cubana que abrió renovadas expectativas en la izquierda del Ecuador, por ejemplo, radicalizó al sector de izquierda del socialismo, que orgánicamente se constituyó como el Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano (PSRE) el cual hizo fe de la lucha armada como único camino para la toma del poder.

En otros sectores, como en el propio Partido Comunista, y de manera especial entre algunos núcleos de la JC, surgió la corriente que auspiciaba la necesidad de seguir el ejemplo de Fidel. Este entusiasmo también se propagó a otros lares de la juventud, como la de CFP, (partido de orientación populista), todo lo cual desembocó en la constitución de la Unión Revolucionaria de Jóvenes Ecuatorianos (URJE), cuya base social estaba conformada por jóvenes secundarios y universitarios.

Junto al fenómeno político descrito, el sector intelectual, en cuyo interior históricamente las mentes más lúcidas plegaron a los partidos de izquierda, hubo un fervoroso entusiasmo por el triunfo de la Revolución Cubana. Algunos de los intelectuales más prestigiosos del país pronto visitaron la isla y retornaron demostrando su afecto y simpatía públicos por los acontecimientos de los que habían sido testigos al triunfo de la Revolución en Cuba.

Cosa similar ocurrió dentro del movimiento sindical y de las federaciones indígenas ecuatorianas que públicamente expresaron su respaldo al triunfo de las clase obrera, de los campesinos y del pueblo, ocurridos en la isla caribeña.

En este entorno se desarrolla el gobierno de Velasco Ibarra (1960-61), bajo presiones intensas para que rompiera relaciones con Cuba y para que frenara “violentamente la expansión comunista en el país”.

           Precisamente en este período la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA), comenzará a operar con varios objetivos estratégicos, los que conforme los refirió años más tarde el ex agente de la CIA Philip Agee,2 fueron los siguientes: “Realizar penetraciones de orden técnico o por medios de agentes al más alto nivel en el Partido Comunista del Ecuador, en el Partido Socialista (PSE-revolucionario), la Juventud Comunista y URJE. Realizar penetraciones de orden técnico o por medio de agentes en la misión cubana en Ecuador. Mantener agentes y otros conductos a los más altos niveles del gobierno, los servicios de seguridad y la organización política gobernante. Mantener agentes y otros conductos en partidos políticos de oposición, especialmente entre los líderes militares que apoyan a partidos de oposición. A través de propaganda y operaciones de guerra sicológica diseminar información y opinión dirigida para contrarrestar la propaganda contra los Estados Unidos o a favor de los comunistas. Neutralizar la influencia comunista o de extrema izquierda en las organizaciones políticas de masas o apoyar el establecimiento de organizaciones políticas de masas de tendencia no comunista. Colocar propaganda apropiada en los más efectivos medios de comunicación locales. Apoyar a los líderes democráticos de las organizaciones políticas, de trabajadores, de estudiantes y jóvenes, particularmente en aquellas áreas en las que la influencia comunista es más fuerte: Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE), Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE), y donde los líderes puedan ser impulsados a combatir la subversión comunista…”.

En los períodos de los gobiernos de Velasco Ibarra, y luego de su sucesor Arosemena Monroy, las clases dominantes pasaron por una situación de crisis, debido al debilitamiento de las condiciones de su reproducción económica y a su situación de transición (provocadas por las modificaciones de la estructura social y económica, las que, a su vez, se produjeron por la acumulación capitalista a base de la producción bananera al mismo tiempo que por el agotamiento de ese modelo de acumulación), lo que, en contraposición, condujo al aparecimiento de un movimiento popular heterogéneo, del cual el sector más cohesionado y combativo estaba integrado por el agrario tanto de la Sierra como de la Costa,3 y que se constituyó en el artífice del triunfo electoral del binomio Velasco-Arosemena. Esta base social fue la más receptiva al proceso revolucionario cubano, lo cual explica que tanto Velasco como Arosemena,4 respondiendo a sus electores, se hayan resistido a la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, así como a instrumentar una conducta de represión a la izquierda ecuatoriana que desde URJE, o desde el PSRE, así como en algunos sectores del PC, venían insinuando y trabajando por una línea política semejante a la que había liberado a la isla de los intereses norteamericanos y de los de la burguesía cubana.

Para tener una visión de dicho período, transcribo el testimonio público5 del que fue ministro de Gobierno de Velasco Ibarra, Manuel Araujo Hidalgo (a quien se le separó de ese portafolio por su pública admiración a la Revolución Cubana), sobre lo que venía ocurriendo en el Ecuador en 1961, habida cuenta que este testimonio revela, además, un hecho de trascendencia histórica innegable:

“Las presiones para que el Dr. Velasco rompa con Cuba se hacían todos los días. El Embajador de los Estados Unidos, sino iba todos los días a visitar al Dr. Velasco lo hacía pasando un día para conversar y presionar sobre la ruptura. Como a mí se me identificaba como un hombre que admiraba la Revolución Cubana y al doctor Castro, se me separó de la cartera del Ministerio de Gobierno. Pero yo mantenía relaciones cordiales con el doctor Velasco, a pesar de esta circunstancia. Por ello cuando fui invitado en 1961 a visitar Cuba, le comenté el asunto al doctor Velasco y él me dijo: “Dígale al doctor Castro que mi Embajador en los Estados Unidos, que es un ratón del Departamento de Estado, me ha comentado que se prepara una invasión a Cuba y que próximamente consultarán sobre este tema a los cancilleres de América Latina. Esto, doctor Araujo es una información oficial”. Yo le pregunté, ¿cuándo será esa invasión? Él respondió, lo que le voy a decir no es oficial. El ratón del Departamento de Estado de los Estados Unidos ha oído que sería en abril. Con esta información viajé a Cuba y me reuní con el doctor Castro y le trasmití la parte oficial del mensaje de Velasco y la parte no oficial más una recomendación que hacía el doctor Velasco y que era que Fidel defienda la Revolución con algunos avioncitos. Sobre esto Fidel me dijo que no había ni una docena de aviones pero que la Revolución siempre será defendida…”.

Este acontecimiento, que debió haberse filtrado hacia las filas de la CIA, que para ese entonces como he señalado operaba intensamente en el Ecuador, fue una de las causas para la caída del régimen de Velasco en noviembre de 1961. Le sustituyó Carlos Julio Arosemena Monroy, su hasta entonces vicepresidente de la República. Arosemena gobernó hasta julio de 1963. En su período Ecuador rompió relaciones con Cuba, aquello aconteció el 2 de abril de 1962, como producto de presiones asfixiantes sobre Arosemena en las cuales la CIA jugó un papel protagónico, conforme lo ha revelado el ex agente Philip Agee. La ruptura de relaciones también se lo hizo con la entonces Checoslovaquia y con Polonia.

Volviendo sobre lo que en estos años sucedía con la izquierda ecuatoriana, es menester detenerse en lo atinente a la confrontación ideológica que al interior de ella se había producido entre 1960 y 1961. En las filas del socialismo, como dejé señalado, quedaron identificadas dos líneas, en el contexto de una ruptura ideológica y orgánica: el PSE y el PSRE. El socialismo revolucionario definió la línea insurreccional para la toma del poder, en medio de una represión sistemática de las fuerzas de seguridad del Estado que asesinaron a varios dirigentes y militantes del PSRE. De otra parte, en las filas del Partido Comunista se había producido una lucha ideológica de naturaleza similar entre quienes proclamaba la necesidad de articular un proceso armado, grupo liderado por el secretario general del PC en Quito, Rafael Echeverría, y aquéllos que, comandados por el secretario general del PC, Pedro Saad, no encontraban adecuada esa definición táctica. La ruptura ideológica fue creciendo en el tiempo al extremo que algunos militantes del PC, de URJE, del PSRE, ensayaron un proyecto guerrillero, conocido como el de las “guerrillas del Toachi”, que fracasó estruendosamente a su inicio, en mayo de 1961, por haber sido detectado por la CIA.6

Este hecho, el de las “guerrillas”, que obviamente se volvió público, precipitó los distanciamientos políticos en el Partido Comunista, pues en las “acciones” del Toachi fueron detenidos militantes de esa organización que, al haberse incorporado a las guerrillas, habían transgredido la línea política oficial del partido. Este sería el inicio de la ruptura del PC (que con el tiempo se profundizaría debido a la confrontación entre los partidos comunistas chino y el soviético, lo cual influyó, también, para las divergencias entre la militancia comunistas ecuatoriana) al extremo que hacia 1963, dirigido por el mentado dirigente comunista Rafael Echeverría,7 se constituyó formalmente el Partido Comunista Marxista Leninista (PCMLE), organización que en sus inicios se alineó con las concepciones del Partido Comunista de China.

En este contexto bien vale señalar que otros jóvenes que estuvieron vinculados a URJE, en años posteriores, esto es entre 1965-1967, contribuyeron a la fundación del Movimiento Revolucionario de Izquierda, MIR, organización clandestina de corte “Guevarista” que, sobre todo, hacia finales de los años sesenta y en la década de los años setenta, tuvo notoria influencia en los sectores juveniles del país, y que, en los años ochenta, se fraccionó como producto de la confrontación en su interior, entre quienes defendían la línea político-militar con quienes proponían otras formas de acción política.

Otro sector de militantes de URJE, en 1965, contribuyeron en el aparecimiento de un movimiento que se llamó “Vencer o Morir”, VM, cuya estructura fue concebida para acciones político-militares, las mismas que tuvieron la finalidad de llamar la atención sobre la situación del país, antes que responder a un proyecto político definido; no obstante, a su acercamiento a importantes sectores campesinos y urbano-marginales. VM, fue, también, infiltrado por la CIA y muchos de sus dirigentes fueron apresados en el propio año de su fundación, al extremo que sus acciones fueron paralizadas y la organización desconstituida.

En el mismo año de 1965, otros jóvenes, provenientes asimismo de URJE, constituyeron un grupo de efímera duración, que reprodujo las concepciones “foquistas” del momento, y que se denominó “Destacamento de la Organización Secreta”, DOS, el cual intentó desarrollarse básicamente en las provincias de Manabí, Guayas y Pichincha a base de una serie de acciones que expresaron su dicidido combate a la dictadura militar de aquel período. Muchos de sus integrantes, luego, se incorporaron al MIR.

A los primeros años de la década de los sesenta corresponde, también, el proceso de “fraccionamiento dirigido” de las organizaciones sindicales, indígenas y populares todo lo cual fue fraguado desde la CIA. Para afectar a la CTE, se organizó la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres (CEOSL),8 así como se fundaron grupos fantasmas que se definían como anticomunistas, e incluso se intentó organizar agrupaciones políticas cuyas actividades se enmarcarían en las tareas ideológicas de desgaste de la importantísima influencia que la Revolución Cubana había tenido en el Ecuador.

En suma, la izquierda ecuatoriana, con el triunfo de la Revolución Cubana, fue sacudida en sus cimientos. Importantes sectores de la tendencia avanzaron en un proceso de radicalización de las líneas tácticas correspondientes a la acción política, en momentos que los sectores populares del país demandaban que se atendiesen a sus requerimientos para alcanzar mejores niveles de vida. De esta manera la presencia de la CIA, para destruir a esa izquierda radical, ha quedado evidenciada por quien operó en el Ecuador para tales fines. Así mismo ha quedado al descubierto las causas reales para la defenestración de los gobiernos de Velasco Ibarra y de Arosemena Monroy, cuya característica común en el período fue el de no atender a pie juntillas los requerimientos de la Embajada Norteamericana en el país, que sobrepasaban cualquier sensatez aun dentro de su esquema de manipulación sobre los regímenes.

En ese panorama político, que exigía “paz interna” para el proceso de recuperación económica de los sectores dominantes del país; para aniquilar toda influencia de la Revolución Cubana; para desmantelar a la izquierda nacional y con la finalidad de desarmar al movimiento social y a los frentes de masa que recuperaban una importante actividad debido a la influencia de la izquierda radical (en el entorno de los vientos de cambio que invadían al continente americano), las fuerzas armadas del Ecuador, supeditadas a los designios e intereses norteamericanos, fabricaron la salida de Arosemena Monroy y la instauración de una Junta Militar9 que comenzó a gobernar desde el 11 de julio de 1963, luego de haber depuesto incruentamente al mentado gobernante Arosemena.

Sobre este acontecimiento, Agee dijo en su diario de la CIA: “… No existe problemas para que la Junta consolide su poder. Recibieron mensajes de apoyo de las unidades militares del país. Se suspendieron las libertades públicas, y los comunistas están en prisión o rodeados, al igual que otros izquierdistas. En Guayaquil hay más de cien detenidos. La Junta puso fuera de ley al Partido Comunista, impuso la censura y hay toque de queda. Se cancelaron las elecciones del próximo año… Los Estados Unidos reconocerá formalmente a la Junta en unos días más…”.

La dictadura militar de 1963

La Junta Militar gobernó en el período de los años de 1963 a 1966, y estuvo enmarcada en los requerimientos del pentágono norteamericano de cerrar filas en todo el continente con dictadura anticomunista que impidieran, por todos los métodos, el desarrollo orgánico y político de las tendencias de izquierda, que se habían vigorizado debido al triunfo de Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio en Cuba. Para justificar la presencia de estos regímenes de terror, previamente, habían montado, como efectivamente sucedió en el Ecuador, una campaña de desprestigio de la izquierda. La CIA y las bandas paramilitares de la extrema derecha10 provocaron una serie de situaciones violentas11 que las endosaron sin escrúpulo alguno a los grupos “comunistas”, lo cual contribuyó para que los sectores de clase dominante tuvieran una actitud corporativa que justificara el golpe militar que habría de impedir “la crisis social a la que estaban conduciendo los comunistas”.

Además, en la “lógica” institucional militar, tras el fenómeno de la Revolución Cubana, lo que se ponía en riesgo era la unidad del frente interno y la izquierda ecuatoriana, entonces, pasaba a constituirse en una real amenaza a la seguridad nacional. La ideologización imperante recubrió este desafío con el lenguaje de la “guerra fría”, donde las movilizaciones, supuestamente, no emergían solamente a causa de los problemas nacionales (como la pobreza) sino debido a un vasto plan de expansionismo soviético que, utilizando como cabeza de playa a La Habana, pretendía incorporar a la región en la denominada órbita socialista. La guerra interna, bajo esta sui géneris argumentación cobró así particular fuerza. Desde esta óptica, asimilada eficazmente por nuestros militares, la institución armada quedó encapsulada en la visión de seguridad que emanaba del pentágono.

Con todos estos argumentos la represión individualizada en contra de los dirigentes de la izquierda ecuatoriana tenía patente de corso, como lo tuvo también la represión en contra de los más importantes dirigentes del movimiento sindical, campesino y estudiantil. Así, muchos hombres y mujeres militantes del PSRE, del Partido Comunista, de URJE, entre otros, fueron asesinados. Tantísimos más perseguidos y encarcelados o expulsados del país.

El golpe militar efectuado en nombre del anticomunismo fue una de las tantas respuestas a la amenaza “castrista” dadas a escala continental, que habría de permitir, al mismo tiempo, que en el Ecuador se introdujeran una serie de programas financiados desde los Estados Unidos de Norteamérica y cuyo propósito fue el de neutralizar la crisis social y económica de los sectores más pobres del país, los cuales, en la óptica del imperio, podían constituirse en la base social y política de una lucha contestataria al sistema o en el pretexto para que propagara un discurso a favor de los sectores pauperizados. En esta dirección debe entenderse el programa “Alianza para el progreso” que al Ecuador llegó dentro de los mismos parámetros y objetivos con los cuales se difundió en el resto de Latinoamérica, esto es en el entorno de la estrategia estadounidense del “doble carril”, que por un lado intentó reformas económicas y sociales (cuyos resultados le fueron negativos) y de otra pare desarrolló la “línea de seguridad” a fin de que ella predominara sobre los esquemas políticos de la legitimidad, para cuyo efecto la capacitación contrainsurgente de las Fuerzas Armadas en la escuela de Las Américas, en Panamá, fue fundamental, como lo fue el andamiaje estructurado en torno al tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) o el desarrollo de diversos programas de asistencia militar bilateral.

Al contexto general descrito, en el caso ecuatoriano, debe añadirse el hecho particular de que la dictadura imprimió, además, una tónica reformista a su gestión, lo cual tenía por finalidad atrapar en su discurso tecnócrata a un sector mayoritario de la clase media ecuatoriana y en esa estrategia neutralizarla frente a cualquier convocatoria que pudiera movilizarla para alcanzar sus aspiraciones. Fue ésta una forma que los mentores del “nuevo orden” pusieron en marcha para asegurarse que la dictadura cumpliera su papel de amortiguador en el conflicto de contradicciones que se habían exacerbado con la influencia de la Revolución Cubana. Por todo ello, y también para atender los problemas del campo y del agro se ensayó, hacia 1964, una reforma agraria que, a la larga, engañó a los campesinos y protegió a los latifundistas denotando que pese a todo lo dicho, la dictadura y la burguesía (así como la pequeño-burguesía) no lograron ser del todo reformistas. En efecto, cuando el régimen intentó una reforma de los impuestos al comercio exterior (en la perspectiva de la redistribución de los ingresos que, junto a la distribución de la tierra, constituyó el eje de la “alianza para el progreso”), la oligarquía que decía haber sido afectada, orquestó la reacción de varios sectores sociales en contra de los gobernantes, lo que terminó por echar abajo a los coroneles.12

Así pues, la izquierda ecuatoriana y los frentes de masa, con incidencia de aquélla, que durante dos años y medio habían luchado solos, aún en medio de la persecución, en contra de la dictadura, de pronto constataron que junto a sus voces aunque por intereses totalmente contrapuestos, comenzaba a escucharse opiniones contrarias a esa dictadura, esta vez provenientes de sectores vinculados con los intereses de la oligarquía, que se veían supuestamente afectados, particularmente en la Costa, por una denominada “política económica centralista”.13

Mientras la izquierda luchaba por derrocar a la dictadura (aunque en medio de tácticas y estrategias distintas, pues mientras el PSRE privilegió la radical confrontación, que devenía de su intento de propiciar un proyecto militar, el PC junto a otros sectores constituyó un frene político amplio de oposición denominado Unión Democrática Popular), los importadores costeños y los terratenientes serranos se oponían a la mentada dictadura sin un acuerdo de sucesión en el poder. La dictadura respondió con mayor represión, dirigida contra el movimiento sindical y el estudiantil, lo que restó legitimidad en el conjunto de sus adversario y, aun, al interior de las propias fuerzas armadas, con el consiguiente deterioro de los coroneles que ejercían el gobierno.

“El factor de un ejército dividido, la ruptura de la alianza que sustentaba a los militares en el poder, la emergencia de una coalición entre grupos patrimoniales guayaquileños y terratenientes serranos, y, sobre todo, la activación política permanente de un beligerante movimiento de masas en la ciudad y el campo, forzó a los militares a dimitir”.14 Sí, movimiento de masas en la ciudad y el campo, en gran parte, convocados por la lucha inclaudicable de la izquierda ecuatoriana que demandaba la ampliación de la democracia y el fin de la dictadura.

El fin de la dictadura militar

Pero fue el movimiento pro-imperialista oligárquico, anclado regionalmente en la Costa ecuatoriana, el que buscó una salida, pactada con militares, a la crisis que a inicios de 1966 fue insostenible. Para dar cuerpo a la fórmula de solución se constituyó una “asamblea de notables” a la que se la conoció como Frente de Unidad Cívica, la que solicitó la renuncia al gobierno de los militares y los sustituyó con un conspicuo representante de los intereses bananeros, Clemente Yerovi Indaburu, quien en un momento determinado fue colaborador de la dictadura a la cual él remplazaba en el poder. Yerovi Indaburu tuvo el compromiso de convocar a una Asamblea Constituyente a fin de que ésta redactara una nueva constitución y eligiera un gobernante “constitucional”, pues su régimen, el de Clemente Yerovi, fue constituido como un gobierno interino, que habría de durar entre marzo a noviembre de 1966.

Para la designación de la Asamblea Nacional Constituyente participaron activamente los diversos partidos del espectro político ecuatoriano. El PSE inscribió sus listas y no obtuvo mayores resultados favorables. En aquel proceso eleccionario por la provincia de Esmeraldas fue electo el socialista Julio Estupiñán Tello, quien llegó a ser segundo vicepresidente de la Constituyente. Carlos Cueva Tamariz, a la sazón, secretario general del PSE, fue designado,15 en cambio, como asambleísta en representación de la educación pública. La delegación en representación de los trabajadores, donde el PC hizo algunos esfuerzos para obtener representación, favoreció a sectores vinculados con el conservatismo. El PSRE y otros grupos de izquierda no participaron en estas elecciones.

La Asamblea Nacional Constituyente se polarizó entre las fuerzas conservadoras y las liberales (a las cuales apoyaba el PSE), pero en todo caso, debido a innumerables “gestiones” de toda naturaleza, la Asamblea designó el miércoles 16 de noviembre de 1966, como presidente constitucional interino de la República a Otto Arosemena Gómez, cuya elección representó una alianza de la vieja derecha con grupos más modernos de la oligarquía vinculados al comercio y la banca. Algunos meses después de esta designación, la Asamblea redactó y aprobó la nueva constitución, designó a Otto Arosemena como presidente constitucional y fijó para el 2 de junio de 1968 el proceso electoral mediante el cual se habría de reemplazar a Arosemena, quien gobernó, en suma, ente noviembre de 1966 y agosto de 1968.

El período de Arosemena Gómez fue una etapa para que el país se liberara de una dictadura anticomunista y represiva, y lo sustituyese por un gobierno que permitió el desarrollo de proyectos sociales de penetración ideológica provenientes desde los Estados Unidos de Norteamérica, que tenían por finalidad cumplir el mismo rol anticomunista pero dentro de un marco “civilizado”. Fue también el espacio político para que la burguesía exportadora (a la que estaba vinculado el nuevo presidente) actuara con “sensatez” respecto de sus intereses y frente a la contracción de la demanda bananera, abriera mercados en los países socialistas, lo cual no habría sido posible en un ambiente de terror y persecución políticas.

En este período las universidades recobraron su autonomía, violentada por la dictadura de 1963-1966, mientras la izquierda adquirió un mayor margen de acción, en circunstancias en que los partidos políticos tradicionales se aprestaban a participar en las elecciones de 1968.

       Al concluir este trabajo, bien puedo afirmar, pues, que en la década de los años 60 del siglo anterior, el Ecuador estuvo marcado no solamente por las características propias de la estructura económica y social del país, sino que la presencia de la Revolución Cubana constituyó un factor de incidencia que actuó sobre su entornos societales, induciendo un arquetipo político particular caracterizado, inicialmente por la persecución de las fuerzas de izquierda y progresistas ―a propósito de su adhesión a la Revolución Cubana―, asunto que, como queda evidenciado, favoreció la presencia de una dictadura militar que, luego, diseñó una transición civilista y, sobretodo, apuntaló, en el marco de su perspectiva contrainsurgente, un esquema social que respondió a tal perspectiva tanto en lo político, como en lo económico y social. 

       Empero, no obstante las circunstancias referidas, el pueblo ecuatoriano, desde la propia década de los años sesenta del siglo anterior, ha mantenido una mayoritaria admiración ―cuando no adhesión―, a la Revolución Cubana, basada en lazos históricos que unen a nuestros pueblos y que están expresados, entre tantos y tantos otros hechos, en la voluntad del ecuatoriano Vicente Rocafuerte por contribuir con las causas independentistas cubanas, en la amistad de Alfaro y de Martí, en la presencia libertaria en suelo ecuatoriano de cubanos que combatieron por las luchas independentistas frente a la metrópoli española y que, también, participaron en la consolidación de nuestra república en el contexto de la revolución liberal.  Además es imprescindible señalar, finalmente, que el reconocimiento de los logros alcanzados por la Revolución Cubana, que la aprehensión de sus posiciones antiimperialistas y de profundo contenido humano, constituyen, sustantivamente, los ejes de la aproximación de la inmensa mayoría de ecuatorianos con la Revolución, ese sueño martiano construido por el movimiento 26 de julio, por Fidel y su pueblo y que ninguna gendarmería ecuatoriana pudo desmontar de la retina de sus ciudadanos la aprehensión por tal proceso histórico, más allá de la represión ―ideológica y política―,  en contra de quienes relievaron, en la década de los años 60, uno de los acontecimientos fundamentales de nuestra región.



1 Germán Rodas, Centenario de la guerra Hispano-Cubana-Norteamericana, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1998, pp. 15-21.

2 En 1975, en plena dictadura militar, entró en circulación, sin referencia editorial alguna, el libro La CIA en el Ecuador, escrito por Philip Agee, agente destinado al Ecuador en 1960 por la Central de Inteligencia Norteamericana, y cuya tarea sustantiva fue la de provocar todos los mecanismos necesarios para afectar la imagen de la revolución cubana y fragmentar a la izquierda nacional, para cuyo efecto no se respetó ninguna institución ecuatoriana y se utilizó cualquier mecanismo que permitiera el cumplimiento de tan protervos fines. Agee hizo público el texto al que aludo, en Londres, en junio de 1974, cuando abandonó la CIA y resolvió desenmascarar el rol de esta perversa institución norteamericana (N.A.)

3 Rafael Quintero y Erika Silva, Una nación en ciernes, tomo 2, Quito, Abya-Yala / FLACSO, 1991, p. 224.

4 No obstante que Arosemena Monroy se vio obligado, en un momento de su gobierno, a romper relaciones con Cuba, el propio ex agente de la CIA, Agee, refiere que aquello ocurrió por sobre la voluntad de Arosemena, quien siempre se mantuvo en una línea de solidaridad con la revolución cubana (N.A.).

5 El 15 de mayo de 1999 se reunió en Quito la Coordinadora Nacional de solidaridad con Cuba. En dicha asamblea se informó, por parte del Embajador de Cuba en Ecuador, que el Consejo de Estado de Cuba había resuelto condecorar al Dr. Manuel Araujo Hidalgo por su permanente solidaridad con el pueblo y la revolución cubanos. Araujo Hidalgo, en un improvisado discurso agradeció esta condecoración y se refirió a su viaje a Cuba en 1961 y a la información que poseía sobre la invasión a la isla que hubo de transmitirla entonces a Fidel Castro (N.A).

6 En 1960, conforme refiere en su libro el ex agente de la CIA, Agee, se infiltró al Partido Comunista con dos agentes. Ellos eran Mario Cárdenas y Luis Vargas. Estos agentes se movieron siempre muy cerca del dirigente comunista Rafael Echeverría, quien por ser uno de los propulsores de la guerrilla del Toachi, fue cuidadosamente seguido en sus actividades políticas por la CIA. Cuando Echeverría funda el PCMLE, los agentes infiltrados lo acompañan en su decisión como un mecanismo para mantener fluida la información hacia la CIA. Posteriormente, en 1966 los agentes serían expulsados del PCMLE al ser descubiertos como informantes de la policía. Con la publicación de Agee quedó en claro cuál fue en realidad el rol de estos sujetos Cárdenas y Vargas.

Igual penetración se hizo con el PSE, una vez que de él se desprendió el grupo radical que conformó el PSRE. Así llegó a ser secretario general del PSE, a inicios de la década de los años sesenta, un agente reclutado por la CIA, llamado Manuel Naranjo Toro. Posteriormente el PSE se libraría de este sujeto y concomitantemente iría avanzando en un proceso de redefinición de principios, habida cuenta que Naranjo, si bien inmovilizó al Partido Socialista o se prestó para efectuar alguna declaración pública que convenía a los intereses de la CIA, ni siquiera tuvo capacidad para cumplir otros designios de aquéllos que lo habían reclutado (N.A.).

7 Rafael Echeverría Flores falleció en julio de 1999, víctima de una enfermedad incurable. Hasta su muerte fue un activo militante de la izquierda a tal punto que, una vez que fue excluido del PCMLE, se hallaba trabajando en la organización del “Partido de los Trabajadores”, organización que surgió alrededor de 1997, con el contingente de ex militantes del MPD (N.A.).

8 La CEOSL, posteriormente, fue rescatada de las manos de sus mentores que constituyeron para dividir a la CTE y, en el entorno de un proceso de radicalización y politización, devino en la década de los años ochenta en una central de trabajadores de orientación socialista (N.A.).

9 Esta Junta Militar la constituyeron los coroneles Ramón Castro Jijón, Luis Cabrera Sevilla, Marcos Gándara Enríquez y Guillermo Freile Posso (N.A.).

10 En el país se organizó y financió desde la extrema derecha ideológica, una banda paramilitar llamada Alianza Anticomunista Ecuatoriana, AAE (N.A.).

11 El ex agente Philip Agee relata en su diario, La CIA en el Ecuador, que lo normal en esos años era infiltrar las manifestaciones de la Federación de Estudiantes Universitarios para que provocasen incidentes o diesen consignas en contra, por ejemplo, de los militares; colocar dinamita en los locales de los partidos de derecha o de sus dirigentes; repartir volantes a nombre de las organizaciones laborales o de los partidos de izquierda, y de todo ello acusar a la extrema izquierda. Inclusive, dice Agee, que se llegó a poner explosivos en la casa del Cardenal para “desprestigiar al extremo a la izquierda” (N.A.).

12 Enrique Ayala, Resumen de historia del Ecuador, Quito, Corporación Editora Nacional, 1998, pp. 15-21.

13 Debido a la coincidencia ente los sectores populares y la burguesía en algunos momentos de la confrontación con la dictadura, el PC puso en circulación la siguiente consigna: “golpear juntos pero marchar separados” (N.A.).

14 Rafael Quintero y Erika Silva, Una nación en ciernes, p. 297.

15 La Asamblea Constituyente que fue convocada se conformó, por una parte, de miembros electos por votación directa de los ciudadanos en capacidad de sufragar. Pero, además, se constituyó por representantes funcionales designados directamente por los gremios a los que debían representar. Mediante esta segunda vía llegó Cueva tamariz a la Asamblea Constituyente de 1966 (N.A.).


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