Características y perspectivas de la crisis económica mundial

Ponencia presentada en el XIV Seminario Internacional “Los partidos y una nueva sociedad”, Ciudad de México, 2010

15.03.2010


En los meses recientes una amplia e intensa campaña mediática ha venido insistiendo en que hay “sólidas señales” de que “la recuperación económica” está en curso, luego de la más grave crisis económica mundial desde la Gran Depresión de 1929‑1933. Utilizando algunas señales aisladas se pretende imponer esta idea. El repunte de diversos índices bursátiles en los últimos meses de 2009 y primeros de 2010 ha sido presentado como un síntoma de mejoría económica general. Según estas versiones, la crisis mundial quedó atrás y en el horizonte sólo se observa inobjetablemente la recuperación.

En realidad, las inyecciones masivas de dinero de los gobiernos de las grandes potencias económicas para contener la crisis, beneficiando principalmente al sistema financiero especulativo, generaron enormes excedentes de fondos que encontraron en las bolsas de valores una nueva y jugosa oportunidad para rentabilizar sus capitales. En este sentido, la euforia financiera especulativa parece estar de vuelta, pero no así la superación de los problemas fundamentales que ha generado la más grave crisis económica mundial en la historia del capitalismo. A continuación presentamos algunos elementos para tener una perspectiva más objetiva de la situación actual y las perspectivas de la economía mexicana.

I. Características de la crisis económica global

La crisis económica mundial de 2008–2009 corresponde a la dinámica y los ciclos económicos del capitalismo, expuestos por Marx en El Capital.

Ha sido la más grave desde la Gran Depresión de 1929–1933. Incluso ha sido más amplia y profunda que ésta, por su extensión geográfica a casi todo el mundo, por los inmensos volúmenes de capital destruidos y por sus nocivos efectos sociales.

Los especialistas consideran que es una crisis profunda dado el grado en que decreció el producto bruto (PB) a nivel mundial. Éste pasó de 3.0% en 2008 a –0.8 en 2009. El PB de América Latina fue de 4,2% en 2008 y de -1,8 en 2009. México, que desde 1982 viene aplicando el modelo de acumulación neoliberal, tuvo en 2008 un producto interno bruto (PIB) de 1.3% y en 2009 dicho indicador decreció hasta llegar a -6,8 según el Fondo Monetario Internacional (FMI), según las cifras del gobierno mexicano la caída fue de 6,5%. También se considera profunda por los graves efectos que produjo en los temas sociales más sensibles: empleo, salud, pobreza, ingresos y capacidad de consumo.

Fue precedida por crisis sectoriales (energética, alimentaria, climática, etc.) en los años previos, que siguen desplegando y diseminando sus graves efectos económicos y sociales por el mundo, especialmente sobre los países atrasados y los llamados “en vías de desarrollo” o “emergentes”, que constituyen alrededor de las tres cuartas partes de la población mundial.

Tuvo su origen en Estados Unidos (EUA) como crisis bursátil–inmobiliaria en julio de 2007. Para octubre de 2008 ya se había convertido en crisis financiera global. Y desde esa fecha y a lo largo de 2009 se extendió a las esferas comercial, productiva, social y política. Inicialmente no faltaron las opiniones de “expertos” asegurando que la tormenta duraría poco dada la fortaleza general de la economía de EUA. Los efectos de la intoxicación mediática duraron muy poco. Europa entró en recesión empujada por EUA, pero también como efecto de sus propios problemas. La ola negra llegó también a Japón e inundó a las llamadas potencias emergentes de Asia como India y Corea del Sur, y a otras zonas de la periferia como Brasil, afectando incluso a quien se ha convertido en la tercera potencia económica mundial: China.

Se trata de una crisis prolongada cuyos efectos llegarán hasta 2012 y quizás más allá. Es una verdadera crisis global en el sentido geográfico, pues la crisis de 1929‑1933 no involucró a todo el mundo; ahora ha abarcado prácticamente a todo el mundo.

Es también una crisis de insolvencia de la economía que hace apenas unos años era considerada la “locomotora del mundo”. EUA pasó de ser la potencia industrial por excelencia a ser el gran importador de manufacturas; y de ser el gran acreedor de todos, a ser el gran deudor. Es el país que tiene la deuda total (pública y privada) más grande del mundo. Ha vivido de préstamos durante toda la etapa neoliberal. Su deuda total pasó de 160% del PIB en 1980, al nivel histórico de 372% del PIB en 2009. ¿Cómo financiar esa deuda en tiempos de competencia encarnizada entre las potencias y los bloques económicos, de guerras, de nuevos actores económicos y cuando se ha dejado de ser el acreedor universal?

No es una crisis de escasez de productos, sino todo lo contrario. Mientras los almacenes están llenos de productos, los bolsillos de los consumidores se encuentran vacíos. Por esto se dice que es una crisis de subconsumo y de sobreproducción. Al disminuir la tasa de ganancia, el empresario prefiere almacenar y esperar “mejores tiempos”, olvidando que almacenar y dejar de producir lo lleva a necesitar menos empleados, a despedirlos, a que haya menos personas con dinero para consumir y a que se contraiga el mercado interno. Lo dramático de esto es que los gobiernos en lugar de implementar políticas anticíclicas de expansión del gasto público y generación de empleos, se obstinan en salvar y proteger al capital financiero, el cual por su propia naturaleza no genera empleo ni bienes de consumo.

Es evidente que ésta es una crisis terminal del modelo neoliberal, el cual privilegió al capital financiero, sobre todo el especulativo, fracción hegemónica del capital que fue la detonante de la crisis de todo el sistema capitalista. Como señala el Dr. Arturo Huerta en el caso de México:

Ha sido la política de altas tasas de interés, la disciplina fiscal, el abaratamiento del dólar (y de las importaciones) por muchos años, junto a la liberalización y desregulación financiera (donde la banca especula y hace lo que quiere sin restricción alguna), así como la política de apertura económica generalizada, lo que nos ha llevado a tener menos industria, menos producción agrícola, menos empleo productivo, altos niveles de endeudamiento y baja dinámica de acumulación.[1]

A nivel mundial, aunque la mayoría de los países capitalistas adoptaron de diferentes maneras el modelo neoliberal, lo cierto es que ninguno de ellos se ha salvado de padecer las graves consecuencias económicas y sociales que produjo. Es evidente que los países que no se sometieron al neoliberalismo y han seguido otros modelos de desarrollo como la India, pero en especial los que están inmersos en procesos de construcción con orientación socialista como China, Cuba y Venezuela, han mostrado un mejor desempeño durante el desenvolvimiento de la crisis.

Paralelamente, es una crisis del Estado capitalista, particularmente en su modalidad neoliberal.[2] El economista poskeynesiano R. Wray lo plantea en estos términos: “la crisis actual representa el fracaso del gobierno al promover la desregulación, reducir la supervisión y consolidar el poder del mercado en manos de los capitalistas que manejan el dinero.” Los neoliberales piden que el Estado se mantenga al margen de la actividad económica mientras hay estabilidad y auge en los negocios, pero urgen su intervención y ruegan su protección en tiempos de crisis. Dado que la libre competencia y las leyes del mercado son incapaces de garantizar una distribución equitativa de la riqueza y de evitar crisis cíclicas, es conveniente recuperar la idea de Estado interventor y planificador de la economía, que cree mecanismos de regulación, control y supervisión de las actividades económicas, monetarias y financieras.

Desde luego, es asimismo una crisis del mundo unipolar. La era del unipolarismo comandado por EUA parece haber entrado en su etapa final. Se está perfilando un multipolarismo de intereses en agudo conflicto. La crisis mundial desembocará, pues, en un mundo muy diferente al que hasta ahora hemos conocido. EUA se está quedando solo. Desde las grandes potencias industriales hasta los países pequeños y en vías de desarrollo están sugiriendo que se configure una nueva arquitectura política y financiera internacional. La crisis está precipitando la necesidad para el capitalismo de una reorganización total de sus relaciones de fuerzas económicas en el escenario mundial.

Los países de América Latina y el Caribe están contribuyendo al derrumbamiento del mundo unipolar. Durante la reciente Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, que se realizó en México en febrero pasado, los presidentes de 32 países participantes aprobaron la creación de un nuevo organismo que represente a toda la región, en el que no participarán Canadá ni EUA. Este nuevo mecanismo se llamaría, temporalmente, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, e iniciaría oficialmente sus funciones en julio de 2011.

Debe ser considerada una crisis múltiple y combinada por las diferentes áreas en que se expresa ―inmobiliaria, financiera, productiva, comercial, energética, alimentaria, social, geoeconómica, geopolítica, ideológica, etc.― y por su interdependencia que refuerza sus efectos en cada una de ellas y tiende a extender su duración por varios años.

En síntesis, desde nuestra perspectiva la crisis económica mundial debe ser caracterizada como la crisis más amplia, profunda e integral que ha afectado al orden capitalista en toda su historia.

II. Contraste de datos de la Gran Depresión con la actual crisis económica mundial

El contraste de algunos datos disponibles de la Gran Depresión de 1929‑1933 con los de la actual crisis económica mundial, proporciona valiosos elementos para dimensionar la magnitud y naturaleza del problema que enfrenta el mundo.

El PB mundial se redujo 17% en 1932 respecto a 1929.[3] Según el más reciente reporte del FMI (enero de 2010), en 2009 la economía mundial cayó ‑0,8% respecto a 2008. El comercio mundial disminuyó alrededor de 25% en los primeros años de la década de 1930.[4] Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), en 2009 el comercio mundial se redujo en 12%.

En 1929-1933 disminuyeron drásticamente los precios de los productos primarios entre 50% y 75%. Esto representó un enorme y abrupto descenso en la actividad económica de Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Cuba, Chile, Egipto, Ecuador, Finlandia, Hungría, India, Indonesia, Malasia, México (la caída del PIB fue de 16%), Nueva Zelanda, Países Bajos, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, cuyo comercio exterior dependía de unos pocos productos primarios.

En contraste con lo que ha ocurrido durante la actual crisis económica mundial, fue este fenómeno de caída de demanda y precios de los productos primarios de la periferia capitalista, lo que convirtió la depresión de EUA las potencias europeas en un proceso de alcance mundial.

El FMI indica, en su balance de 2009, que el índice de precios de las materias primas bajó alrededor de 55% en el curso del segundo semestre de 2008 y a lo largo de 2009, principalmente por los efectos negativos del “enfriamiento” de la producción mundial sobre la demanda de estos productos.

Entre 1927 y 1933 el volumen de préstamos internacionales disminuyó en más de 90%. Mientras que en 2009 la inversión extranjera directa (IED) disminuyó 39% respecto de 2008. En América Latina cayó 41%, retroceso que se hizo sentir con más fuerza en Brasil donde alcanzó 49% y en México 41%; en África se registró una caída del 36%.

Entre 1932 y 1933 los índices de desempleo se situaron en los siguientes niveles: Gran Bretaña 15,3%, Bélgica 23%; Suecia 24%; EUA 23,5%; Austria 29%; Noruega 31%; Dinamarca 32%; y Alemania 44%. En 2009 el desempleo en EUA llegó a más del 10% de la población económicamente activa (PEA), en la Unión Europea al 12% en promedio, en Japón al 5,1% y en América Latina y el Caribe a 8.3%.

Durante la Gran Depresión de 1929–1933, en EUA y algunos países se pusieron en práctica programas fiscales de apoyo a bancos, empresas industriales y agrícolas con el fin de salvarlos de la bancarrota, y de obras públicas para aliviar el desempleo; pero por el bajo volumen de los recursos empleados y sus limitados alcances, estas medidas tuvieron escaso efecto para superar la depresión.

En contraste, Atilio Boron planteó recientemente que en 2009 los programas fiscales puestos en práctica por los gobiernos para enfrentar la crisis ya suman más de 24 billones de dólares, es decir, el equivalente a casi la mitad del PB mundial (Intervención en el XII° Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, La Habana, Cuba, 4 de marzo de 2010). Sin embargo, no parece ser suficiente para crear las condiciones que sustenten la recuperación de la economía mundial en el corto plazo.

Finalmente, debe considerarse que tal y como ocurrió con la URSS en la Gran Depresión de 1929–1933, durante la actual crisis económica mundial los países que han seguido una vía no capitalista se han visto menos afectados, como son los casos de China, Vietnam, Venezuela, Cuba, Bolivia y Corea del Norte (ver cuadro).

Aunque el contraste de datos presenta la Gran Depresión de 1929–1933 como una crisis de mayor profundidad, la actual crisis económica mundial es sin duda una crisis de mayores dimensiones por su extensión global mundial y por la amplitud de sus costos económicos y sociales. Además, a diferencia de aquélla, la actual es una crisis integral de todo el orden capitalista, en la que confluyeron las diversas crisis sectoriales que el sistema ha venido arrastrando. No sólo es una crisis financiera, se trata también de una crisis alimentaria, energética, de la economía real, ecológica, de las instituciones, del Estado, de gobernabilidad, migratoria, militar, ideológica y desconfianza en el sistema.

III. Situación actual de la crisis económica mundial

Como se muestra en el cuadro siguiente, según el FMI ya en 2008 las economías desarrolladas (EUA, Zona Euro, Reino Unido, Japón y otros países) habían entrado en recesión con un aumento de sólo 0,5% en su PIB.

A lo largo de 2009 la crisis económica se mundializó. El FMI reportó hace un mes que el PB mundial en 2009 cayó –0,8% respecto al año anterior. Que el PIB de las economías desarrolladas decreció –3,2%, pero el de EUA (la economía más grande del mundo) lo hizo en –2,5%; el de la Zona Euro registró –3,9%, y Japón (la segunda economía más grande del mundo) –5,3%. Por su parte, el PIB de América Latina retrocedió en –1,8%.

Los datos de la crisis mundial no fueron más severos por dos factores principales: 1) por el abandono del neoliberalismo en casi todo el mundo, y la adopción urgente de políticas neokeynesianas de intervencionismo estatal masivo para frenar la caída y generar condiciones de recuperación; y 2) por el efecto contrarrestante que ejercieron economías de países que por diferentes razones no han seguido o se han apartado del neoliberalismo, como es el caso de China, India, y algunos países de la ASEAN y de América Latina.

Según los gobiernos de EU y Europa, en el último trimestre de 2009 los países desarrollados comenzaron a recuperarse de la crisis mundial. EU habría superado cuatro trimestres de caída del PBI, dejando atrás un año de recesión y Europa tuvo el primer indicador de crecimiento trimestral luego de cinco trimestres de reducción consecutiva. Estas versiones han generado optimismo en el poder económico mundial, aunque en realidad nadie puede asegurar la continuidad de la recuperación en el corto plazo. De hecho, varios especialistas han llegado a formular la seria posibilidad de una recaída y recrudecimiento de la crisis mundial. Por su parte, el FMI ha señalado que los mercados financieros se han recuperado desde los mínimos registrados en 2008, como resultado de las amplias medidas de política adoptadas por los bancos centrales y los gobiernos, y de una mejor situación económica. Sin embargo, también ha señalado que persisten serios riesgos relacionados con el retiro de las inéditas medidas de apoyo fiscal, monetario y financiero que adoptaron para impedir el derrumbe de sus economías, instituciones financieras y mercados.

Este rescate financiero masivo ha generado un incremento de la emisión monetaria y del endeudamiento público de los principales países capitalistas. Ambas cuestiones pueden significar aumento de la inflación y colapsos en las cuentas públicas de varios de estos países. EUA sobresale entre ellos por ser el país más endeudado y con el mayor déficit comercial del mundo. Por estas razones, entre otras, varios especialistas insisten en sostener que la crisis no sólo no ha terminado, sino que es previsible su profundización. En este sentido, el economista ecuatoriano Pedro Páez, asesor presidencial para temas de nueva arquitectura financiera, señala lo siguiente:

Es muy peligroso hacerse la ilusión de que ya se ha superado, porque lo que se ha hecho hasta acá, como medidas correctivas, no ha hecho más que exacerbar las condiciones que condujeron a la crisis. Los billones de dólares que los gobiernos centrales transfirieron al sector privado no fueron a la creación de nuevos empleos, están en la especulación [...] los millones de dólares puestos para el salvataje, en realidad, significan agregar más dinero a la burbuja financiera internacional, reproducir los mecanismos de la especulación y que no se resuelve nada […] Al contrario, es como tirar kerosén al fuego, agigantar la hoguera.[5]

En este mismo documento se agrega:

Si la burbuja financiera fue el fenómeno inicial de la crisis, los “brotes verdes” de la economía mundial expresan un resurgimiento de los síntomas que estallaron entre 2007 y 2008, generando las condiciones para nuevos estallidos de la crisis. El aviso de la suspensión de pagos del gigantesco consorcio de Dubai (a principios de este 2010) llamó la atención al respecto. Igual que con la banca en crisis, la ciudad estado del emirato árabe salió al rescate de la trasnacional en problemas. Los episodios de crisis empresariales y estatales (Grecia, p. e.) pueden reiterarse en la coyuntura crítica del capitalismo de nuestros días.[6]

Observando la otra cara de la moneda, el impacto social de la crisis económica mundial ha sido brutal: desempleo, reducción de los salarios y deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias. En EUA el desempleo pasó del 6 al 10% en los últimos dos años, en la Unión Europea en promedio superó el 12%. En España ―país que era visto como ejemplo de incorporación al grupo de países desarrollados en las décadas recientes― llegó al 20%, es decir, 4 millones de desempleados. Ahora el poder económico y político pretende descargar los costos de la crisis sobre los trabajadores españoles. Es en esta dirección que el capitalismo europeo pretende diluir una crisis profunda que afecta también a Grecia, Portugal e Irlanda, países que están en el borde del precipicio económico y social. En Grecia el jefe de Gobierno, Giorgos Papandreou, decretó la imposición de un “programa de ajuste (austeridad)” (acordado por el Consejo Económico de la Unión Europea) con el que quiere “salvar al país de la quiebra”, el cual incluye aumentos de impuestos al consumo, congelación de las pensiones y recortes salariales para empleados públicos. La Unión Europea espera que el déficit público griego, situado en torno a 13% de su PIB, se reduzca progresivamente hasta llegar al 3% en 2012. El FMI elogió las “sustanciales” medidas fiscales anunciadas por Grecia e instó a las autoridades a implementar reformas para incrementar la productividad y el crecimiento económico. Los trabajadores han salido a las calles para oponerse a este plan y están convocando a huelga general para echarlo abajo.

España y Portugal presentan una situación similar a la de Grecia: aunque menos pronunciada, la caída de la economía persistirá en 2010; sus déficit fiscales son muy elevados; y sufren serios problemas de insolvencia financiera. Según la propia Unión Europea, estos dos países serán los últimos en salir de la crisis.

En España el déficit fiscal cerró 2009 en 11,4% respecto al PIB; la deuda externa llegará este año al 75% de su PIB; y la tasa de desempleo (cercana al 20%) seguirá creciendo, por lo que los niveles de empleo de antes de la crisis no se recuperarán antes de 2013. En este sentido, el Premio Nobel de economía Paul Krugman señaló recientemente que España representaba un gran riesgo para la eurozona, incluso mayor que Grecia. En consonancia, el comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, Joaquín Almunia, admitió que España comparte “problemas comunes” con Grecia y Portugal.

Frente a problemas similares graves, el gobierno de Portugal dispuso la aplicación de medidas de austeridad y recorte del gasto público, bajo la presión del capital financiero y la Unión Europea. El desempleo supera el 10% de la PEA. Frente a esta situación, los sindicatos han acordado un plan de paros y movilizaciones con el fin de echar abajo los planes gubernamentales. Los trabajadores manifiestan que llevan años en los que han visto cómo sus condiciones empeoraban ante los recortes de pensiones y otros beneficios por parte del Gobierno, y que este año ha congelado los salarios públicos en su esfuerzo por ganar la confianza de los inversionistas recortando el déficit presupuestal. Existe un inmenso descontento de los trabajadores, lo que pronostica una enorme participación en los paros, que podrían ser los mayores en años en Portugal y pondrán a prueba al Gobierno de minorías.

Detrás de estos países seriamente endeudados están los prestamistas: la banca francesa y alemana. La crisis no es sólo de la periferia europea, de Grecia, Irlanda, España y Portugal, sino del centro bancario y económico de la Unión Europea: Francia y Alemania. Europa no está fuera de la crisis y los que pagan son los trabajadores. Esta es la razón de la problemática social expresada en el paro y movilización de los trabajadores griegos, portugueses y de otros países europeos, a los que externamos todo nuestro apoyo y solidaridad de clase.

Los programas fiscales de rescate en EUA, la Unión Europea y casi todos los países capitalistas tuvieron como destino a los grandes corporativos financieros, bancarios y algunos productivos en graves problemas. Los gobiernos burgueses inclinaron la balanza en favor de las empresas, los ejecutivos y los empresarios. Los sectores productivos en general, el desempleo y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población no fueron ni han sido atendidos en el transcurso de la crisis económica mundial. Por el contrario, después del largo año de mayor intensidad de la crisis (octubre de 2008–septiembre de 2009) y en el contexto actual de incertidumbre sobre la recuperación económica, el capital y los gobiernos han establecido que la variable de ajuste son los trabajadores y sus familias.

La crisis está siendo usada como un gran chantaje del capital contra el trabajo y el conjunto de la población de Grecia y de otros países de Europa y de otras regiones del mundo. Mientras se afectan ingresos y condiciones de vida de la población trabajadora, se realiza un trabajo ideológico sobre el conjunto de la sociedad para legitimar los “programas de ajuste (austeridad)” regresivos.

En nuestra región, la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, declaró hacia finales de 2009 que “Por primera vez en seis años, la pobreza dejará de caer y se incrementará. En el caso de la indigencia, la tendencia ya se había revertido en el 2008 por el alza en el precio de los alimentos”. Indica además que “la CEPAL proyecta que de 2008 a2009 las personas en situación de pobreza pasarán del 33% al 34,1% (1,1% de aumento) […] aquellas en situación de indigencia lo harán del 12,9% a 13,7% (0,8% de aumento).” Y agrega que como efecto de la crisis económica mundial “En 2009 habrá 9 millones más de personas en situación de pobreza, donde se incluye el aumento de 5 millones de personas en situación de indigencia.” [7] Son referencias al impacto social de la crisis agudizando la vulnerabilidad social de los sectores de menores ingresos, especialmente los niños, los mayores y las mujeres.

Para el mundo en conjunto, la FAO reporta que el número de hambrientos superará nuevamente los 1 000 millones de personas. Y tanto el Banco Mundial (BM) como el FMI indican que habrá 60 millones de nuevos desempleados. Son resultado de la crisis actual. Estos datos nos muestran que no existe la supuesta salida de la crisis que tanto pregonan las clases dominantes. Es imprescindible reflexionar sobre la necesidad de una alternativa a las políticas planteadas desde los sectores dominantes, ya que no están siendo contempladas las mayorías desposeídas.

IV. Perspectivas

De manera excesivamente optimista, el FMI estimó a principios de febrero pasado que para 2010 la economía mundial crecerá 3,9%. Sostiene que las economías desarrolladas lo harán en 2,1%, con EUA 2,7%, Japón 1,7% y la Zona Euro 1,0%. Pero que China crecerá 10%, la India 7,7%, la ASEAN 4,7% y América Latina 4,1%. Estas estimaciones se dieron a conocer antes de que se integrara una lista de varios países europeos, entre los que se encuentran Irlanda, Grecia, Portugal y España, en los que se están observando serios signos de desplome fiscal y financiero.

Desde nuestra perspectiva, la realidad presenta una situación muy diferente. El panorama internacional está marcado por las débiles e inciertas perspectivas de recuperación de la economía mundial, en particular porque los Estados Unidos dejaron de jugar el papel de “locomotora” que tuvieron en la década de los noventa y hasta mediados de la primera década del siglo XXI. A esto se añade el bajo crecimiento esperado en 2010 para la Unión Europea. Aunque China y la India tendrán crecimientos elevados de su PIB, de 10 y 8% respectivamente, y la región de América Latina y el Caribe podría registrar un crecimiento por arriba del 4%, no constituyen la fuerza suficiente para impulsar nuevamente el crecimiento económico mundial.

Prácticamente en casi todo el mundo se han aplicado paquetes de estímulos fiscales bajo una clara orientación neokeynesiana, pero prevalece la inquietud de si los gobiernos serán capaces de mantener estas medidas en los montos requeridos y por el tiempo necesario para que se generen condiciones más favorables a las inversiones productivas y a la recuperación de los más de 60 millones de empleos que se perdieron en el período más agudo de la crisis mundial. En este sentido, varios economistas de renombre han señalado lo siguiente:

  1. La recuperación es débil e incierta, cuando menos en EUA, la Unión Europea y Japón.
  2. Hay serios riesgos de una nueva caída en un plazo no muy largo si no se establecen controles a los sistemas financieros y bancarios.
  3. Es poco probable que se alcancen acuerdos en el G–7 o en el G–20 (Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Corea del Sur, China, EUA, Francia, Gran Bretaña, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Sudáfrica y Turquía) para regular al capital financiero global, lo que muestra claramente quién sigue mandando.
  4. Los riesgos aumentarán notablemente si se retiran antes del tiempo necesario las políticas de estímulos fiscales masivos.
  5. Sigue predominando la idea en los centros del poder económico y político de que el problema fundamental está en el sector financiero, por lo que se han mantenido excluidos los sectores productivos y el desempleo de los programas de rescate fiscal.
  6. Existen fuertes indicios del carácter prolongado de la crisis, en virtud de la alta probabilidad de caídas económicas abruptas en las economías más frágiles, que coexistirían con un muy bajo crecimiento o con el estancamiento en las economías más desarrolladas.
  7. No obstante lo anterior, si todo marcha de manera aceptable para el capitalismo mundial, se volvería a los niveles económicos de antes de la crisis hasta 2012 o 2013.

La acumulación y magnitud de los desajustes y de las contradicciones del capitalismo global no sugieren una rápida recuperación del sistema, sino todo lo contrario. Por lo tanto, el proceso de la crisis mundial será prolongado y de un costo económico y social nunca visto.

En este sentido, a contrapelo del optimismo con que presentó su informe más reciente a principios de febrero, el pasado 24 del mismo mes el FMI reconoció que la débil recuperación en curso no resiste el retiro de los gigantescos paquetes de estímulos fiscales: “La recuperación de las economías desarrolladas sigue lenta, por lo que las políticas de intervención monetaria, fiscal y del sector financiero deberán seguir hasta 2011”.[8]

Esta afirmación se sustenta, según el FMI, en que "Las brechas de producción seguirán siendo importantes para los próximos años (...) Es probable que el desempleo siga siendo elevado en las economías avanzadas y en 2010 seguirán las presiones inflacionarias. Por otra parte, a pesar del reciente impulso de crecimiento, hay poca evidencia de que la demanda privada sea autosuficiente". Esta declaración el FMI añade que "Es probable que el momento y el ritmo de la recuperación de la crisis también difieran entre los países, y exijan una respuesta diferenciada en la anulación de estímulo, que a su vez podría suponer un riesgo de efectos colaterales y desafíos para la gestión macroeconómica." Finalmente, en cuanto a los niveles de déficit el FMI recomendó combatirlo de manera prioritaria mediante el “congelamiento de gastos y equilibrio fiscal, para no comprometer el crecimiento mundial”. O sea que para no obstruir la recuperación, de por sí débil y frágil, el FMI recomienda medidas de “ajuste estructural” (neoliberales) que contribuyeron a configurar la actual crisis económica mundial. No cabe duda que por detrás de su optimismo mediático, el FMI teme seriamente una recaída en la crisis, aún más desastrosa que la anterior.

Por los elementos antes expuestos, es claro que no hay evidencias contundentes respecto a la forma que adoptará el actual proceso de crisis económica mundial: ¿“U” alargado o lenta, “L” o “W”? Sin embargo, la información disponible sí permite observar una configuración tendencial.

En un principio se pensó que la recuperación tendría la forma de una “V” y por tanto la mejoría sería inmediata y en ascenso constante y veloz. Después se ha planteado que tomaría la forma de una “U” alargada o “lenta”, por lo que en tal caso la recuperación sería paulatina y a largo plazo. Recientemente se ha venido insistiendo en que el proceso de la crisis mundial tendrá la forma de una “L” con breves periodos de recuperación y bajos niveles de crecimiento, alternados con periodos de recesión.

Los indicadores económicos parecen dar la razón a esta hipótesis: la caída del PB mundial fue brusca, representándose gráficamente con una línea vertical, la cual estaría cediendo a un periodo de estancamiento que duraría entre tres y cuatro años.

En esta hipótesis, la economía de la gran mayoría de países volverá a estar en el nivel en que se encontraba en 2008 hasta el 2012 o el 2013. Finalmente, se ha formulado otra hipótesis aún más inquietante por sus tendencias objetivas: que la crisis adopte la forma de una “W”, situación en la cual tendría lugar un breve periodo de recuperación de la economía mundial para después volver a caer de forma estrepitosa, pero ahora sin poder contar con los instrumentos que contuvieron la caída anterior.

Los datos que persistentemente está aportando la realidad sugieren que la forma que puede estar adoptando el proceso de la crisis económica mundial es una “L”, pero también es posible que sea una “W”. En cualquiera de los dos casos, todo el orden capitalista mundial seguirá sacudiéndose y seguirá produciendo un tremendo daño sobre la situación laboral y las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población mundial, incluidos los sectores medios y las clases trabajadoras de los países capitalistas más desarrollados.

Por ello, es previsible que bajo la actual crisis económica mundial y sus secuelas, el capital y sus gobiernos buscarán emprender una nueva ofensiva para restablecer el predominio del neoliberalismo. Como señala Julio Gambina, en su artículo “Los trabajadores pagan la crisis y las patronales la usan para el chantaje”, de febrero de 2010: “El Estado capitalista en la crisis juega para restablecer el régimen del capital, que hoy demanda ajuste regresivo y liberalización afectando continuamente los intereses de los trabajadores”. Y subraya que los trabajadores necesitan cuestionar radicalmente la subordinación del Estado al capital, “para que la crisis deje de ser un chantaje y se transforme en oportunidad para los cambios de sistema de producción y el objetivo de satisfacer necesidades populares” La dialéctica materialista (marxista) nos permite entender que la crisis económica mundial también representa una situación de crisis en la jerarquía mundial del capitalismo (económica, política, militar, cultural, etc.), por lo que necesariamente se presentan condiciones objetivas y subjetivas para que tengan lugar rebeliones de las víctimas del sistema.

En este sentido, es importante indicar que lo que estamos presenciando es el remplazo de la unipolaridad por una situación de multipolaridad. Incluso es posible que llegue a gestarse un proceso de despolarización, en el que los controles imperialistas (norteamericanos, europeos u otros) se aflojen; es decir, en el que la articulación capitalista del mundo se debilite significativamente con la crisis económica mundial. En este contexto posible, es indispensable ―como sugiere Jorge Beinstein― “desplegar la crítica radical e integrarla con las resistencias y los movimientos insurgentes y a partir de allí con el abanico más amplio de masas populares golpeadas por el sistema” (“¿Comienzo del fin (o fin del comienzo) de la crisis?”, diciembre de 2009); es decir, ampliar y reforzar la “guerra popular prolongada global” contra el capitalismo y por el socialismo.

Con esta crisis económica mundial de dimensiones jamás vistas, la era neoliberal llega a su fin; y también concluye la etapa de un mundo unipolar sometido a los designios de EUA como la potencia hegemónica imperialista. Sin embargo, estos cambios no ocurrirán de manera automática, sino que requerirán de la lucha de los pueblos y de los movimientos sociales y las fuerzas políticas de izquierda y centro-izquierda en todo el mundo.

El actual colapso económico, con la creciente desvalorización de los títulos bursátiles, está erosionando aceleradamente las bases materiales de la alianza social sobre la que se asentó el predominio del capital financiero y la globalización neoliberal. En este marco, como ha sugerido el economista de izquierda Claudio Katz, para la región de América Latina y el Caribe es el momento de superar las dificultades generadas por la crisis capitalista mundial radicalizando los procesos nacionalistas y revitalizando el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), el cual ha introducido principios de intercambio solidario, reafirmó criterios de acción antiimperialista y planteó reformas sociales, y en los meses recientes incentivó la implementación de un sistema de compensación monetaria y multiplicó los acuerdos económicos con la zona del Caribe.

Los movimientos y las luchas sociales que se han realizado en distintos países latinoamericanos han tenido como rasgo común la defensa de los bienes públicos estratégicos, la nacionalización de los recursos naturales, la democratización de la vida política, la defensa de la economía popular y la defensa de los derechos sociales. Ejemplos de luchas que han rendido frutos hay muchos. Por mencionar sólo algunos en nuestra región, tenemos:

-       La Revolución Bolivariana en Venezuela, encabezada por el presidente Hugo Chávez.

-       El triunfo de un proyecto de izquierda en El Salvador.

-       La reelección del Presidente Evo Morales en Bolivia, bajo el marco de una nueva Constitución que ha establecido la decisión de las mayorías bolivianas de proseguir la construcción de un país socialista.

-       La reelección de Rafael Correa en Ecuador, quien lidera un proyecto de izquierda social y humanista.

-       La reelección del Frente Amplio y el triunfo de Pepe Mujica en la Presidencia de Uruguay.

Sin duda, la actual crisis capitalista mundial es una oportunidad privilegiada para poner en práctica medidas como las siguientes: desmercantilizar los alimentos básicos, el agua, la salud, la educación y los servicios públicos en general; suprimir el secreto bancario; la cancelación de las deudas externas; el establecimiento de acuerdos económicos regionales basados en la complementariedad y la solidaridad; y crear las bases para la configuración de una nueva arquitectura financiera basada en la consolidación de bloques regionales capaces de sustentar el nuevo mundo multipolar que emergerá de esta crisis mundial.

Una nueva etapa histórica se está abriendo paso a través de la crisis. El periodo durante el que ésta se prolongue será ocasión para el relanzamiento del proyecto socialista en condiciones críticas pero no asfixiadas por la ideología neoliberal como ocurrió en las tres décadas precedentes.

Las izquierdas debemos tener presente que las medidas que se adoptaron por parte de los gobiernos para enfrentar la crisis han sido para socorrer con recursos públicos a la clase capitalista, especialmente a los banqueros y a los dueños de las grandes corporaciones. Son medidas para salvar el patrimonio de la clase empresarial y no para generar empleo o para impedir que disminuya el poder adquisitivo de las clases trabajadoras.

También debemos tener claro que las respuestas a la crisis seguirán siendo a modo del capitalismo en la medida que las fuerzas de izquierda y los pueblos no nos articulemos para luchar por la defensa de los derechos laborales y las condiciones de vida de las mayorías, para impulsar transformaciones de fondo en el funcionamiento del capitalismo a nivel nacional, regional y mundial, y para hacer avanzar el proyecto socialista.

En esta coyuntura crítica tendremos que redoblar nuestros esfuerzos y capacidad de organización y de lucha para avanzar por vías alternativas al capitalismo. Es una oportunidad histórica que no debemos desaprovechar. Las crisis capitalistas son momentos de enorme sufrimiento para las clases trabajadoras, sobre quienes siempre se busca descargar los costos del desastre económico; pero también son periodos de alta vulnerabilidad e incluso de ruptura transitoria del dominio del capital sobre las clases subalternas (para usar el concepto de A. Gramsci).

En este sentido, esta crisis de dimensiones sistémicas y de una profundidad nunca antes vistas en toda la historia del capitalismo, constituye un horizonte favorable para que los movimientos y las organizaciones sociales y políticas de izquierda y centro-izquierda lancemos una ofensiva que liquide finalmente al neoliberalismo y permita crear las condiciones económicas, sociales, políticas e ideológicas para cambiar el rumbo del planeta en una dirección anticapitalista y abiertamente socialista.

En síntesis, la crisis continúa, es profunda y obliga a pensar en una perspectiva en la que el capital intentará relanzar su proyecto a costa de los trabajadores y los pueblos; pero también y simultáneamente, a que la resistencia popular se transforme en acción colectiva conciente para la transformación social. La perspectiva anticapitalista es una posibilidad que debemos fortalecer e intensificar. De lo contrario pueden reconfigurarse condiciones de mayor explotación y sufrimiento durante un nuevo ciclo de desarrollo capitalista mundial.

Hasta aquí nuestra modesta aportación al debate, deseando que el XIV Seminario Internacional “Los Partidos y una Nueva Sociedad” contribuya a forjar los instrumentos que requerimos para seguir transformando la realidad y construir un mundo mucho mejor.

 

MATERIALES CONSULTADOS

  1. Barbero, María Inés, Fernando R. Molina y otros: Historia Económica y Social General, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Macchi, 1998.
  2. Beinstein, Jorge: “¿Comienzo del fin (o el fin del comienzo) de la crisis?”, Observatorio de la crisis (internet), diciembre de 2009.
  3. http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/9/37839/PSE2009-presentacion-SECEPAL. Pdf.
  4. Ciocca, Pierluigi: La economía mundial en el siglo XX, Barcelona, España, Editorial Crítica, 2000.
  5. Diario El Financiero, 25 de febrero de 2010.
  6. Diario La Jornada, varias números de febrero de 2010.
  7. FMI: Reporte 2009, febrero de 2010.
  8. Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas: Los trabajadores pagan la crisis y las patronales la usan para el chantaje, Cuarto Informe de Coyuntura último trimestre del 2009 y síntesis del año, Buenos Aires, febrero de 2010, www.fisyp.org.ar
  9. Gambina, Julio: “Los trabajadores pagan la crisis y las patronales la usan para el
  10. chantaje”, Internet, Argentina, 28 de febrero de 2010.
  11. Huerta, Arturo: Hacia el colapso de la economía mexicana. Diagnóstico, pronóstico y alternativas, México, UNAM, 2009.
  12. Krugman, Paul, Joseph Stiglitz y otros: La crisis económica mundial, México,
  13. Editorial Oveja Negra, junio de 2009.

Maddison, Angus: Dos crisis: América y Asia 1929-1938 y 1973-1983, Editorial Fondo de Cultura Económica, México D.F.,1988.



[1]    UNAM: Hacia el colapso de la economía mexicana. Diagnóstico, pronóstico y alternativas: México D.F, UNAM, 2009, p. 249.

[2]    Citado por Arturo Huerta: Ibídem, p. 269.

[3]    P. Ciocca: La economía mundial en el siglo XX, Barcelona, España, Ed. Critica, 2000, p. 24.

[4]    Ibídem.

[5]    Pedro Páez: citado en Cuarto informe de coyuntura. Ultimo trimestre de 2009 y síntesis del año, Buenos Aires, Argentina, Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas ―FISYP―, diciembre de 2009).

[6]    Ibídem.

[7]    http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/9/37839/PSE2009-presentacion-SE-CEPAL.pdf).

[8]    El Financiero, 25 de febrero de 2010.


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