Cambios en las relaciones geopolíticas internacionales. Retos para la izquierda

Ponencia presentada en el Seminario Internacional “Los partidos y una nueva sociedad”, México D.F., 2012

28.11.2012


Los efectos de la crisis estructural del capitalismo han causado consecuencias notables en la geopolítica internacional. Si bien los criterios sobre su naturaleza son tan diversos como contradictorios, en lo que sí existe coincidencia es en la cautela de los economistas y analistas con relación a los pronósticos sobre la misma.

En este contexto, la proliferación y agudización de los conflictos subregionales y regionales han sido directamente proporcionales a la profundización de la crisis y la dinamización de los cambios geopolíticos, que se han manifestado en la creciente intención de los principales polos de poder mundial de determinar qué Estados y en qué medida, participarán del acceso, explotación y control de los recursos naturales, a la vez que entre ellos se asiste a una disputa por la “redistribución” de dichos recursos, más a tono con la geografía política actual, resultante de la crisis.

En las últimas semanas, la crisis se ha profundizado, teniendo como causa fundamental el continuado estancamiento de las economías de Estados Unidos y la Unión Europea, que además amenazan con ahondar la recesión, mientras que sus respectivos sistemas financieros no dan señales de recuperación real. A esta situación se une la desaceleración de la economía china, reconocida por el gobierno de ese país.

En Estados Unidos, la crisis ha generado una mayor fragmentación y divisiones sociales, actitudes xenófobas contra grupos étnicos no anglosajones, la derechización de la sociedad. El descontento social resultante unido a las divisiones dentro del Partido Demócrata y a la fuerte ofensiva de la derecha conservadora, crearon un entorno difícil para Obama en un año en que aspiraba a reelegirse, pero la debilidad y la fragmentación se evidenciaron también en las filas del Partido Republicano, con respecto a presentar una alternativa diferente al presidente. Con estos escollos Obama trató de paliar sus desaciertos en la política doméstica dirigiendo un marcado interés hacia los temas de política exterior, de modo que le permitiera revertir el estado de opinión sobre su mandato.

Sin embargo, también en lo relacionado con la proyección exterior del gobierno norteamericano, se aprecia el enfrentamiento entre distintos enfoques sobre los retos internacionales del sistema. Algunos sectores de poder consideran oportuno adecuarse a la creciente multipolaridad y compartir una porción del poder con las potencias emergentes, mientras que otros, más conservadores y de ultra derecha, opina que pueden sostener el liderazgo mundial y contener los avances de China.

Si bien al inicio de su mandato Obama logró mejorar la imagen externa de EU, la presión de sectores ultraconservadores, unido otros factores, han inclinado la gestión demócrata más a la derecha.

Las buenas noticias reciente sobre el desempeño del mercado del trabajo en Estados Unidos deben ser manejadas con cautela. Muchos de los empleos generados siguen siendo de muy mala calidad. Los problemas estructurales de la economía estadounidense no se han arreglado y la tendencia a la precarización del trabajo se mantiene. Por otra parte, todos los componentes de la demanda agregada se están contrayendo: el consumo, la inversión residencial y no residencial, y hasta las exportaciones. Y al igual que en Europa, la austeridad en la política fiscal no augura nada bueno.

En Europa, el ritmo de actividad económica continúa disminuyendo y la región está entrando en una recesión que puede ser duradera. El desempleo de la Unión Europea alcanza ya 10,7% y es el más alto en mas de 13 años. Los motores económicos no van bien: el pronóstico favorable para el 2012 es que Alemania y Francia crezcan 1,2% y 1,3% respectivamente. Italia y España se mantienen más o menos estables, si le hacemos caso a los diferenciales de financiamiento de su deuda soberana, pero esas dos economías están claramente en el umbral de una fuerte recesión y eso hará que los mercados financieros se vuelvan a inquietar. El costo financiero de su deuda volverá a crecer.

En China las cosas tampoco marchan bien. La situación mundial afecta sus exportaciones, por lo que se trata de transformar la economía a partir de disminuir la política de exportaciones y aumentar el consumo domestico.

En el Medio Oriente se mantiene la retórica bélica, lo que provoca que el precio del petróleo se mantenga alto, lo que afectará negativamente a la economía mundial. Israel sigue insistiendo en que no permitirá a Irán dotarse de armas nucleares. Eso puede ser parte de una campaña de distracción sobre problema palestino, pero es algo que incide sobre las expectativas y la evolución del precio internacional del crudo.

Esta situación de crisis ha favorecido la agudización de conflictos sociales de larga data, y la aparición de otros nuevos en diversas zonas del mundo, como resultado no solo de factores de orden interno, sino también como expresión de la crisis económica, de los cambios geopolíticos que ello genera y de la disputa de los centros de poder mundial por el control de las materias primas.

La región que más ilustra la situación de los conflictos es el Medio Oriente, región apetecible, además, por los inmensos recursos de petróleo y gas que alberga, y que han generado cambios profundos en un corto periodo, que han modificado sustancialmente la configuración política de algunos países. Ha sido esta zona donde se ha experimentado el uso de un nuevo mecanismo injerencista para lanzarse sobre sus recursos: la “responsabilidad de proteger”. Bajo este concepto, se está asistiendo a una gravísima amenaza para la paz mundial, un nuevo ciclo de guerra coloniales (iniciadas en Libia). La invasión a Libia y la posterior evolución de los acontecimientos, deben constituir una alerta sobre las pretensiones de implementar bajo un nuevo rostro en la antiquísimo esquema imperial del coloniaje: intervencionismo militar con el aval de los organismos internacionales, esta vez justificándose con mentiras mediáticas prediseñadas.

En este contexto de cambios en la correlación de fuerzas mundial y nueva fase de la crisis, el retroceso de las economías de la Unión Europea y EE.UU. provocará una acentuada disminución del consumo de productos chinos, lo que generará una reducción de las producciones chinas, y de sus demandas de materias primas. Los efectos combinados de la profundización de la crisis en Estados Unidos, Europa y Japón, junto a la caída de las producciones en China, afectarán las exportaciones del petróleo, gas, minerales y alimentos de los países de América Latina y el Caribe.

América Latina se caracterizó en los últimos años por su estable crecimiento macroeconómico –que en 2010 fue de 6,1%, lo que la ubica como la tercera más grande a nivel mundial, con países como Brasil, México, Argentina y Colombia entre las principales economías de la región–, sentirá el impacto de la profundización de la crisis, a pesar del intercambio con China, que se mantuvo en ascenso en el 2010 y 2011. El 60% del total de las exportaciones de la región al gigante asiático son materias primas, minerales, petróleo y alimentos. Los elevados precios de los energéticos fueron favorables para el crecimiento latinoamericano, junto a la estabilidad del sector turístico y la recepción de remesas.

No obstante el crecimiento de las relaciones con China, EE.UU sigue siendo el principal destino de las exportaciones latinoamericanas y caribeñas, por lo que la amenaza de recesión de su economía y la desaceleración china preocupan a los gobiernos latinoamericanos, que comienzan a estudiar posibles acciones para prever el impacto de esta nueva fase de la crisis.

En este contexto se destaca la importancia que pueden alcanzar los mecanismos de unidad, integración y complementación latinoamericana y caribeña, como la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR), la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), Petrocaribe y la naciente Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC).

Muchos presidentes, ministros y funcionarios de gobiernos latinoamericanos comienzan a pronunciarse sobre los peligros de la crisis y alertan de la necesidad de favorecer los procesos de integración.

Debe recordarse que en la cumbre extraordinaria de UNASUR, celebrada en Perú, los jefes de Estado añadieron a la agenda el análisis de la crisis financiera internacional.

El nuevo escenario que se prefigura con la posible recesión de las economías estadounidenses, europeas, japonesas y la anunciada desaceleración del crecimiento de China, representa un desafío para los gobiernos y economías de América Latina y el Caribe que pudieran ver reducidos sus altos ingresos por concepto de exportaciones de materias primas e hidrocarburos.

La eventual profundización de la crisis constituye un factor que potenciara la inestabilidad política y social en la región. La región sentirá efectos diferenciados en sus tres principales subregiones: el Caribe, Centroamérica y Sudamérica.

Ante este complejo escenario mundial, resulta necesario para las organizaciones progresistas y revolucionarias, realizar un análisis objetivo de la madurez y naturaleza de la crisis, de modo que podamos ofrecer un entendimiento de este proceso a través del discurso político y social.

Teniendo en cuenta que en el entorno latinoamericano la crisis también ha tenido un fuerte impacto en las fuerzas políticas latinoamericanas, resulta imprescindible reflexionar sobre el impacto de la misma en nuestras fuerzas políticas de izquierda. Este análisis posibilitará alertar a la sociedad sobre los efectos sociales de la crisis y contribuir a un cambio político, allí donde sea posible, de modo que tenga en cuenta la suerte de todos y no la de unos pocos.

Las fuerzas opuestas al cambio y el progreso en América Latina se han visto notablemente afectadas, y aunque concentras sus acciones en derrotar los gobiernos establecidos en los diversos países donde no ocupan el poder (Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, por mencionar solo algunos); o en mantener programas sustentados en esquemas que no responden a las demandas nacionales, en el caso de las oficialistas, no poseen un frente común.

Para enfrentar los retos que la situación actual debemos estimular el debate que permita la construcción de alternativas desde la izquierda, tanto teóricas como políticas. Las tesis que usemos deberán estar sustentadas en una considerable fuerza económica, social, política e ideológica.

Recordando unas palabras escritas por el académico brasileño Emir Sader:

…poco habremos aprendido de los acontecimientos del siglo XX, si solo esperamos ver pasar el cadáver de nuestro enemigo en lugar de preparar meticulosamente la realización de nuestros sueños y de nuestras utopías, como recomendaba el realismo revolucionario de Lenin.